RECUERDOS DE MARA
capítulo 7
Su primer día de trabajo no había ido del todo mal. Sus compañeros se interesaron por su recuperación, más por cortesía que por preocupación sincera. La misma cortesía que produjo preguntas acerca de su esposa y dio oportunamente pié a Carlos para explicar su historia. Ni habiéndolo planificado habría salido mejor. Solo Nelson, su jefe, le hizo pasar un rato incómodo al citarle en su despacho y sermonearle sobre lo desordenado de su vida y la necesidad de evitar que eso volviera a perjudicar su salud. Nelson no tenía una especial simpatía por Carlos, pero como director de su oficina se sentía en la obligación moral de adoptar esa actitud paternalista que tanto irritaba a Carlos. Este escuchó, asintió mecánicamente, y dio la razón a su superior para terminar cuanto antes aquél pesado encuentro.
Con sus vecinos sucedió algo similar. Durante los dos días posteriores al trágico suceso, desapareció de su casa. Salió de noche para que nadie pudiera ver que viajaba solo y condujo hasta un pueblecito costero de Cádiz. Allí se hospedó en una pensión de mala muerte en que no le pedirían documentación. La misma pensión que había visitado varias veces en los últimos años con distintas acompañantes y que se caracterizaba por la discreción que se garantizaba a sus clientes. Luego volvió a Málaga y realizó vida normal. Su vecina Paquita fue la primera que, un día, le preguntó por Mara.
- Hola, Carlos. ¿Qué tal estás? Me enteré de lo tuyo por tu mujer...
- Pues muy bien, Paquita. Ya estoy perfectamente. Gracias. Ya me he incorporado de nuevo al trabajo.
- Ay, que bien. ¡Que preocupada estaba!
Carlos sabía perfectamente que a Paquita no le interesaba su salud más allá del mero cotilleo vecinal. Pero continuó sonriente la conversación, a la espera del inevitable momento en que Paquita le preguntara por su esposa. Momento que no se hizo esperar.
- Y tu mujer, ¿está ya más tranquila? El otro día la vi muy preocupada.
- Si. Bueno, el caso es que no solo era por lo mío. Apenas fue otro amago de infarto y me recuperé muy bien. Es que su madre está muy delicada últimamente y Mara estaba preocupada también por eso.
- Ah, ¿sí? Pobrecita... debe ser muy mayor ¿verdad?
“¿y a usted que coño le importa?” le dieron ganas de decir a Carlos. Pero en lugar de eso, continuó con su pequeño teatro:
- Uy, sí. ¡Muy mayor! Y ahora le ha dado una trombosis y Mara se ha tenido que ir a su tierra a cuidarla.
- Entonces ¿te has quedado aquí solo?
- Sí, que remedio. Con el trabajo no puedo irme. Y, además, allí no haría más que molestar.
- Bueno, pues si necesitas algo, ya sabes donde estoy. ¡Lo que haga falta! – exclamó Paquita con la seguridad de que Carlos le tomaría la palabra.
- No se preocupe, yo me apaño bien. Gracias, Paquita, y buenas tardes.
Un auténtico triunfo. Paquita era una chismosa profesional y a estas alturas ya sería vox pópuli que Mara estaba en Soria. Es más, Carlos estaba seguro de que ni Paquita ni nadie más del vecindario sabía siquiera de donde era Mara, por lo que únicamente la ubicarían en el norte y lo verían tan normal. En unos meses, aprovecharía alguna situación similar para propagar su supuesta separación. Todo estaba saliendo bien.
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